Terremoto en Chile

Un rostro de árbol
de carnes verdes
a la vera del camino,
azul de ojos
del agua delatora.

El rostro herido,
surcado por
el sol y el viento
de negros presagios.

El rostro de seres
sacudidos por la tierra,
alimentados
en la furia del miedo
y del silencio.




(Talcahuano: después del terremoto, los efectos del tsunami)



(Edificio derrumbado en Concepción)



(Santiago: destrucción de vías y vehículos particulares)



(La tragedia en la ciudad de Talca)



(Talcahuano: barco pesquero arrastrado por el mar hasta la plaza)


               Es asaz difícil relatar lo que fue aquella tragedia. En lo personal y familiar, la más horrorosa pesadilla que he experimentado durante toda mi vida.
Aquello de no poder sostenerme en pie cuando intentaba subir por la escalera de madera al segundo piso para rescatar a mi hija, en medio de la oscuridad más absoluta -mientras mi mujer, invadida por la histeria y el temor oraba a gritos, desconsolada, y también a ciegas, en la parte baja de la casa- fue una experiencia realmente inolvidable.
               Ya ha transcurrido tiempo de la ocurrencia del terremoto y tsunami que afectaran a mi ciudad (Talcahuano) con inaudita energía, la que medida en la escala Richter superó los 8.8 grados. Sin duda, el sismo de mayor intensidad y violencia que he vivido, y el más prolongado, porque seguramente en el planeta ha habido pocas catástrofes de esta naturaleza que hayan alcanzado una duración holgadamente superior a los dos y medio minutos.
               Talcahuano fue devastado. El puerto de Talcahuano agonizaba. Los barcos pesqueros que antes se mecían en su bahía estaban "estacionados" en las calles, arrojados sobre los edificios y viviendas con la extremada e inédita fuerza del mar en aquella fatídica noche del 27 de febrero. No hay aún una cifra exacta de muertos y heridos. 
               Las imágenes de la ciudad eran fantasmagóricas. Tengo la sensación de que hubo un inmisericorde bombardeo que destruyó Talcahuano,y que no hay modo de que en muchos años pueda volver a ser la misma urbe de antes de la catástrofe. Como el Ave Fénix, ciertamente, irá a resurgir un día de las cenizas. Mas, hoy, esta posibilidad no es más que una utópica idea de sus miles de damnificados, que desde ese cataclismo empezaron a vivir en carpas de lona en los cerros u otros lugares apartados del océano, porque lo perdieron todo.
               Un nuevo invierno se aproxima ya con el rigor del frío y de las lluvias, pero parte de los habitantes de Talcahuano continúa reclamando ayuda, la que apenas llega. Algunos, de las carpas rusas, sin agua, sin electricidad, sin gas, con baños químicos improvisados por la autoridad, pasaron a hacerlo en mediaguas.
               Qué terrible. Mi casa quedó casi intacta. Por cierto, perdí muchos de mis enseres y el cerco que la circundaba. Sin embargo, soy un privilegiado. Ellos lo perdieron todo. Todo. Algunos, hasta los deseos de vivir. 
               Una mujer "agradecía" a Dios aquel fatídico 27 de febrero de 2010, porque su madre se había muerto unos meses antes del terremoto. Estaba segura de que si hubiera estado viva durante aquella catástrofe, su fin le habría sobrevenido esta vez. Decía, como tantos, que mientras la tierra temblaba tan descomunalmente y por tanto tiempo, aquello le parecía el fin del mundo. No lo fue, pero ese día se murieron los sueños de muchos...



TALCAHUANO

La vi feraz tierra

de cuerpos con las manos

extendidas

sujetando el océano

en tiempos irascibles.

 

En días fértiles de desvelo,

con peces que brincaban

bajo tejidos de mallas

y fantasmas de otros tiempos.

 

Entre grandiosos buques

en faenas vibrantes,

entre hombres que marchaban

y cobijos fraternos.

 

La vi tierra fecunda

que amamantaran las indias

en sus curtiembres.
La vi tierra que remata
en puertos de madera pétrea

sobre la piedra.

 

Talcahuano, una canción

inacabable de trabajo vivo,

de pájaros indómitos

y cielos tronando,

tronando siempre.

    
                                      Antonio Álvarez Bürger
                        







 


ANTONIO ÁLVAREZ BÜRGER
 
Sólo por el honor
dejar clavado un lucero
en el corazón de los hombres.
Exprimir las nubes suspendidas,
guardarlas en un cofrecillo
a veces
Ser océano de peces risueños
montaña de oro fino,
vendaval,
no importa,
tenue brisa.
Sólo por el honor, ser
Sólo por el honor abonar
la tierra
con semilla de versos.
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